Palazzo Grimani, el gabinete de maravillas que esconde Venecia
Venecia tiene esa costumbre tan suya de esconder joyas a plena vista, como si quisiera que solo los más curiosos las descubran. El Palazzo Grimani di Santa Maria Formosa es uno de esos lugares que parecen susurrar historias desde la sombra de sus muros tras una corriente fachada veneciana.

El origen del palacio se pierde en la Edad Media, pero su época dorada llegó de la mano de la familia Grimani, una de esas sagas venecianas capaces de transformar la historia de la ciudad. Antonio Grimani, exitoso comerciante y luego Dogo en 1521,compró el palacio pero fueron los herederos, sus nietos Giovanni Grimani y Vettore Grimani los que le dieron alma y carácter. Ellos, enamorados de la Antigüedad y del arte en todas sus formas, decidieron convertir su casa en un auténtico gabinete de maravillas, decorando cada rincón con frescos, estucos y esculturas.








Si hay un rincón en el Palacio Grimani que resume la esencia de un verdadero gabinete de maravillas, ése es la Sala Tribuna. Esta sala, concebida por Giovanni Grimani en 1568, fue mucho más que una simple estancia: era el corazón palpitante de su colección, el lugar donde los invitados más selectos quedaban boquiabiertos ante la belleza y el misterio de decenas de esculturas griegas y romanas. Giovanni, apasionado coleccionista y patriarca de Aquilea, diseñó la Tribuna como una auténtica “cámara de antigüedades”, inspirándose en los museos privados romanos y en el clasicismo más puro.


La sala, de planta central y coronada por una linterna que baña de luz natural los mármoles, estaba pensada para asombrar: techos abovedados con casetones, paredes divididas por pilastras y rematadas con mármol rojo de Verona, y un despliegue de estatuas que superaba las 130 piezas en su época dorada. Colgada del techo, justo bajo la linterna, elevándose hacia al cielo, está la escultura del Rapto de Ganímedes. Zeus convertido el águila, secuestra a Ganímedes.


En 1587 donó su preciada colección a la República de Venecia y, poco después, las esculturas abandonaron el palacio para instalarse en la Biblioteca Marciana y luego en el Museo Arqueológico Nacional. La Tribuna quedó vacía durante más de cuatro siglos.
Todo cambió en 2019, cuando el proyecto Domus Grimani logró lo que parecía imposible: devolver a la Tribuna una parte significativa de las esculturas originales, recreando la atmósfera de asombro y sofisticación del siglo XVI. Gracias a una meticulosa labor de investigación, restauración y colaboración entre instituciones, las estatuas regresaron a sus nichos y ménsulas, permitiendo a los visitantes de hoy experimentar la emoción de entrar en un auténtico gabinete de maravillas renacentista, tal y como lo soñó Giovanni Grimani.
Palazzo Grimani hoy en día es también un espacio vivo y en constante transformación. Sus salas acogen exposiciones temporales que dialogan con la historia y la arquitectura del palacio, mezclando arte contemporáneo, fotografía y nuevas miradas sobre la ciudad.

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