El día que Marsella inspiró una de las cascadas más famosas de Barcelona
- On -
- 4 Comments
El Palacio Longchamp de Marsella y la Cascada Monumental del Parc de la Ciutadella de Barcelona comparten mucho más que un parecido visual. Ambos forman parte de una misma manera de entender el urbanismo del siglo XIX: espacios monumentales concebidos para celebrar el agua, integrar arte y naturaleza, y convertir el parque público en un escenario de representación cultural y científica.
La relación entre los dos conjuntos es especialmente sugerente. La cascada barcelonesa presenta claras analogías con el modelo marsellés y se inscribe en esa tradición europea de fuentes monumentales que combinan arquitectura, escultura e ingeniería hidráulica. Esta afinidad formal y conceptual ayuda a entender su valor histórico y simbólico.
Una referencia compartida
El Palacio Longchamp fue inaugurado en 1869 como símbolo de la llegada de las aguas del canal de la Durance a Marsella. Su composición —una gran fuente central articulada con escalinatas, columnas y alas laterales— se convirtió en un referente del urbanismo monumental europeo.

La Cascada Monumental, construida con motivo de la Exposición Universal de 1888, adapta esa misma lógica al contexto de Barcelona. El proyecto de Josep Fontserè adapta el modelo de fuente escenográfica a la escala del parque, manteniendo la centralidad del agua, la teatralidad del conjunto y la integración de escultura y arquitectura.

Arquitectos y escultores
En Marsella, el conjunto fue diseñado por Henri-Jacques Espérandieu, que planteó una composición jerárquica con un cuerpo central y dos alas destinadas a usos culturales. La decoración escultórica contó con artistas como Antoine Louis Barye y Jules Cavelier, que aportaron figuras animales y alegóricas de gran fuerza visual.
En Barcelona, el diseño general del parque corresponde a Josep Fontserè, quien contó con la colaboración de un joven Antoni Gaudí, en tareas técnicas como cálculos estructurales e hidráulicos. El programa escultórico reunió a numerosos artistas, Venanci Vallmitjana, Rossend Nobas, Francisco Pagés Serratosa, Josep Gamot, Manuel Fuxá, Joan Flotats y Rafael Atché
El agua como símbolo y espectáculo
En ambos espacios, el agua actúa como eje simbólico. En Longchamp, representa el abastecimiento y el progreso de la ciudad; en la Ciutadella, se transforma además en un elemento escenográfico que organiza el paisaje.
Escalinatas, surtidores, grutas y esculturas refuerzan esa dimensión teatral, convirtiendo la fuente en un auténtico escenario urbano.
La gruta y el antiguo acuario de la Ciutadella
Bajo la cascada barcelonesa se encuentra una pequeña gruta que intensifica el carácter escenográfico del conjunto. Este recurso, habitual en el paisajismo del siglo XIX, introduce un juego entre interior y exterior que amplifica la experiencia del visitante.
Junto a la cascada existió además un acuario vinculado al proyecto científico de la Exposición Universal. Aunque hoy ha desaparecido, su presencia refuerza la idea de un parque concebido como espacio de divulgación, donde naturaleza, ocio y conocimiento se entrelazaban.

Parques con vocación zoológica
Ambas ciudades compartieron también el interés por incorporar la fauna como elemento de atracción y conocimiento. En Barcelona, el Zoo de la Ciutadella se consolidó como una de las instituciones centrales del parque.
En Marsella existió igualmente un zoológico municipal, hoy desaparecido, que formaba parte del sistema de espacios públicos de la ciudad, aunque no estaba integrado de forma directa en el conjunto monumental de Longchamp.
Esta coincidencia refleja una concepción del parque como lugar de encuentro entre ciudadanía, naturaleza y espectáculo.

Museos dentro del paisaje
El Palacio Longchamp integra dos instituciones culturales: el Museo de Bellas Artes y el Museo de Historia Natural, lo que lo convierte en un verdadero contenedor cultural donde arquitectura, agua y conocimiento conviven en un mismo conjunto.
En Barcelona, el entorno del parque también se vinculó estrechamente con la ciencia. El Castell dels Tres Dragons, construido por Lluís Domènech i Montaner para la Exposición, albergó en una de sus etapas el Museo de Ciencias Naturales. De este modo, al igual que en Marsella, paisaje, ciencia y arquitectura se integraron en un mismo ecosistema urbano.

El proyecto de los animales prehistóricos
El Parc de la Ciutadella conserva además la huella de un proyecto singular impulsado por el geólogo Norbert Font i Sagué: la creación de un recorrido con esculturas de animales prehistóricos a escala real como herramienta de divulgación.
De ese ambicioso programa solo llegó a realizarse el Mamut, obra de Miquel Dalmau, hoy convertido en uno de los iconos del parque. Su presencia refuerza la dimensión pedagógica y simbólica del espacio.

Dos ciudades, una misma lógica urbana
El Palacio Longchamp y la Cascada Monumental responden a una misma lógica de la ciudad moderna del siglo XIX. En ambos casos, el parque se convierte en un escenario donde conviven monumento, naturaleza, ciencia y ocio.
El agua, como origen simbólico, articula el conjunto y le da coherencia. Más allá de su parecido formal, ambos espacios representan una misma forma de entender la ciudad: como un lugar donde la arquitectura, el paisaje y el conocimiento se combinan para construir un relato urbano.
Por eso, al compararlos, se entiende que Marsella y Barcelona no solo comparten soluciones estéticas, sino también una visión común del espacio público.
p

Gracias, muchas de las cosas que nos pones no las sabía.
Un placer, como siempre, el leerte.
Gracias Miquel. Lo que se aprende viajando e informándome más para el blog. Saludos
Por desgracia, no he estado nunca en Marsella, aunque le he rondado cerca, Cassis, les Calanques, incluso he divisado en lontananza el Castillo de If del Conde de Montecristo. Quizá es que siempre me dio miedo adentrarme en las fauces de esa gran ciudad, dónde aparcar el coche, todo eso. Sólo conozco lo que sale en películas como fondo, en general con mafiosos y bajos fondos, valga la redundancia.
Por tanto, tampoco conozco más que en foto el Palacio Longchamp, que es precioso, aunque sí sé que su fuente inspiró a Josep Fontserè en la de la Ciudadela. Éste puso a trabajar en el asunto a Gaudí, entre otros; que creo que fue quien hizo la gruta, pero no lo sé seguro. Fue concebido originalmente como un depósito de agua camuflado para el riego del parque, pero acabó convirtiéndose en el conjunto escultórico más espectacular de la Exposición Universal de 1888. Por cierto, Fontserè también diseñó el Umbráculo, que me encanta.
En fin, lo explicas muy bien todo, en el contexto del urbanismo del XIX, con muy buenas fotos. ¡Enhorabuena!
Saludos.
Pues si, Marsella es una gran ciudad, pero lo recomendable y más bonito, no llega a ser tan grande. Hay barrios que no son seguros, pero es que tampoco hay nada que hacer, ni que ver, por lo que no vas. Solo por perderse por Le Parnier ya merece la pena pasar un día allí.
Muchas gracias por visitarme. Saludos