Marsella y la huella catalana: la historia de Plage des Catalans

Marsella y la huella catalana: la historia de Plage des Catalans

Marsella es una ciudad de historias superpuestas. De influencias cruzadas, de pueblos llegados por mar y de rincones donde el Mediterráneo ha ido dejando huellas inesperadas.

Entre ellas, hay una especialmente cercana para quienes conocemos la costa catalana: la historia de los pescadores catalanes que durante generaciones vivieron aquí y acabaron dando nombre a uno de los lugares más emblemáticos de la ciudad: Plage des Catalans.

La historia real detrás de Les Catalans

El origen de esta historia nos lleva al siglo XVIII.

Tras la devastadora peste bubónica de 1720-1721, el último gran brote en Europa, Marsella perdió una parte importante de su población y muchas actividades económicas quedaron seriamente afectadas, incluida la pesca.

Fue en ese contexto cuando pescadores catalanes comenzaron a establecerse en una zona entonces apartada del núcleo urbano, junto a la cala Saint-Lambert, en el espacio conocido como les Vieilles Infirmeries, antiguas instalaciones de cuarentena y aislamiento sanitario utilizadas por el puerto.

No se trataba de un único grupo procedente de un solo lugar. Las investigaciones históricas documentan llegadas desde distintos puntos del litoral catalán: Palamós, Sant Feliu de Guíxols, Mataró, Vilassar, Premià e incluso Barcelona.

Algunos se instalaron definitivamente con sus familias.

Otros mantenían ese constante ir y venir propio del Mediterráneo de la época, siguiendo temporadas de pesca y oportunidades económicas.

plage des catalans marseille

Los pescadores que cambiaron Marsella

Su llegada no fue solo demográfica. También transformaron la pesca local.

Los catalanes introdujeron el palangre con pequeños anzuelos, una técnica mucho más eficaz que algunos métodos tradicionales utilizados entonces en Marsella.

Su capacidad de captura era muy superior y pronto se volvieron indispensables para abastecer los mercados de pescado de la ciudad.

Pero ese éxito también generó tensiones.

Los pescadores marselleses los acusaban de romper normas corporativas, evitar ciertos tributos e incluso aprovechar vacíos legales para competir en mejores condiciones.

Hubo conflictos abiertos, disputas legales y enfrentamientos.

Aun así, las autoridades solían respaldar su presencia porque garantizaban el suministro alimentario de Marsella.

Con acuerdos como el Pacte de Famille de 1761, firmado entre las monarquías borbónicas de Francia, España y Nápoles, su actividad recibió además un impulso importante, permitiéndoles pescar libremente en la costa francesa y vender sus capturas en los mercados locales.

Un pequeño barrio catalán frente al mar

Con el paso de las décadas, aquella comunidad se convirtió en un pequeño barrio pesquero.

Las crónicas de la época hablan de decenas de embarcaciones, cientos de pescadores y familias enteras viviendo junto al mar.

Conservaban su lengua, sus costumbres, sus formas de vestir e incluso una identidad bastante cerrada respecto a la ciudad.

Para algunos observadores, aquello parecía más un pueblo catalán trasplantado a Provenza que un barrio marsellés.

Fue precisamente esa fuerte presencia la que acabó dando nombre al lugar:

Anse des Catalans, la ensenada de los catalanes.

Un nombre que ha sobrevivido hasta hoy.

Alexandre Dumas y la leyenda de Les Catalans

La historia real terminó mezclándose con la ficción.

Alexandre Dumas inmortalizó este rincón en El conde de Montecristo.

Es aquí donde sitúa parte del inicio de la novela, y donde vive Mercedes, la prometida de Edmond Dantès, descrita como una joven catalana del barrio de Les Catalans.

Dumas, con su habitual romanticismo, cuenta una versión casi legendaria del origen del barrio: una misteriosa colonia llegada de España, con un idioma desconocido, que pidió permiso al municipio para instalarse frente al mar y levantó un pequeño poblado.

No es historia literal, claro, pero refleja muy bien cómo era percibida aquella comunidad en el imaginario marsellés del siglo XIX.

Y lo más curioso es que cuando Dumas escribió la novela, hacia 1844, todavía vivía allí una colonia catalana real.

El éxito de El conde de Montecristo convirtió el lugar en un espacio casi mítico.

El final de la colonia catalana

A mediados del siglo XIX, la transformación urbana de Marsella acabó con aquel pequeño mundo catalán frente al mar.

Durante generaciones, la comunidad había vivido casi como un enclave propio dentro de la ciudad.

Pero Marsella estaba cambiando.

La costa empezaba a reinventarse con una nueva mirada más burguesa y turística, y aquel rincón marinero dejó de verse como un barrio pesquero para convertirse en un espacio codiciado frente al Mediterráneo.

A partir de 1858, comenzaron proyectos para transformar la pequeña cala en una playa elegante y de moda, con planes que incluían incluso la construcción de un gran casino.

El viejo poblado catalán, con sus casitas humildes, sus redes secándose al sol y sus embarcaciones varadas junto a la orilla, no encajaba ya en esa nueva imagen de ciudad moderna.

Los últimos pescadores catalanes fueron desplazados.

Según algunas crónicas, incluso contaron con la protección de Eugenia de Montijo, emperatriz de Francia y esposa de Napoleón III, aunque finalmente tuvieron que abandonar el lugar.

Muchos se trasladaron al cercano Vallon des Auffes, donde durante un tiempo continuó parte de aquella tradición marinera.

vallon des auffes

Vallon des Auffes, el rincón más pintoresco de Marsella

Apenas unos minutos separan de Plage des Catalans de uno de los rincones más encantadores de Marsella: Vallon des Auffes.

Encajado entre rocas, protegido del mistral y atravesado por su emblemático puente de piedra del siglo XIX, este pequeño puerto pesquero parece detenido en otra época.

Aquí la ciudad baja el ritmo.

Pequeñas embarcaciones tradicionales balanceándose en el agua, casitas de colores, redes, restaurantes con terrazas mirando al puerto y ese inconfundible olor a sal y pescado que todavía recuerda la Marsella marinera de otros tiempos.

Aunque su origen no es catalán, Vallon des Auffes sí heredó parte del espíritu de aquella comunidad pesquera desplazada.

El Monumento a los Caídos del Ejército de Oriente

Frente a Vallon des Auffes, se levanta además uno de los monumentos más impresionantes de esta zona de Marsella: el Monumento a los Caídos del Ejército de Oriente y de las Tierras Lejanas.

Fue proyectado en 1924 como homenaje a los soldados y marineros muertos en campañas lejanas durante la Primera Guerra Mundial.

El diseño fue obra del arquitecto marsellés Gaston Castel, con esculturas de Antoine Sartorio, e inaugurado en 1927 por el presidente francés Gaston Doumergue.

Su gran pórtico abierto al mar, las figuras monumentales y su ubicación frente al Mediterráneo lo convierten en una parada espectacular durante el paseo.

monument marseille

 

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4 thoughts on “Marsella y la huella catalana: la historia de Plage des Catalans

  1. No sabía eso de la «Playa de los Catalanes», que empezó a desaparecer a partir de 1858, tal como cuentas:
    «El viejo poblado catalán, con sus casitas humildes, sus redes secándose al sol y sus embarcaciones varadas junto a la orilla, no encajaba ya en esa nueva imagen de ciudad moderna».
    Saludos

  2. Cuando leí «El Conde de Montecristo», incluso la 2ª vez, me pasó desapercibido esto que escribía Dumas. Gracias por recordarlo. He buscado y, en efecto, ahí está:
    «—Discúlpeme otra vez, señor Morrel, pero después de esa primera visita tengo que hacer otra de no menos interés.
    —¡Ah! Es cierto, Dantès, se me olvidaba que en los Catalanes hay alguien que le espera sin duda con no menos impaciencia que su padre: la hermosa Mercedes.
    Dantès sonrió.
    —¡Vaya, vaya! —dijo el armador—. Ahora no me sorprende que haya venido tres veces a pedirme noticias del Faraón. ¡Diablos! Edmond, no hay de qué compadecerle: tiene usted una amante muy bonita.
    —No es mi amante, señor —dijo seriamente el joven marino—. Es mi prometida.
    —A veces son la misma cosa —dijo el armador riendo.
    —Para nosotros no, señor —respondió Dantès.»

    Saludos otra vez

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