Ivan Meštrović en Split: la casa del gran escultor croata frente al Adriático

Ivan Meštrović en Split: la casa del gran escultor croata frente al Adriático

En el tranquilo barrio de Meje, alejado del bullicio del centro de Split y frente al mar Adriático, se encuentran dos lugares que permiten acercarnos a la figura de Ivan Meštrović, uno de los artistas croatas más importantes del siglo XX.

Una gran villa que construyó para vivir con su familia, trabajar y exponer sus esculturas —hoy Galería Meštrović— y, a pocos metros, un antiguo conjunto renacentista que transformó en un espacio artístico y religioso muy personal: Meštrovićeve Crikvine-Kaštilac.

Dos lugares diferentes, pero imprescindibles para conocer la vida y la obra del gran escultor croata.

Ivan Meštrović, de pastor a uno de los grandes escultores del siglo XX

Ivan Meštrović nació el 15 de agosto de 1883 en Vrpolje, perteneciente al imperio austrohúngaro, actualmente Croacia. Su familia procedía de Otavice, una pequeña población del interior de Dalmacia donde pasó buena parte de su infancia.

Hijo de campesinos y criado en un ambiente rural, de niño cuidaba ovejas y comenzó a tallar pequeñas figuras en madera y piedra sin haber recibido ninguna formación artística.

Su talento no tardó en llamar la atención.

A los 16 años trabajó como aprendiz en el taller del cantero Pavle Bilinić en Split, experiencia que marcó su relación con la materia y la escala monumental.

Gracias a un empresario que reconoció su talento, estudió en la Academia de Bellas Artes de Viena. La capital del Imperio austrohúngaro vivía entonces uno de sus momentos artísticos más interesantes y Meštrović recibió la influencia de la Secesión vienesa, en cuyas exposiciones comenzó a participar en 1903.

Fue también durante aquellos años cuando conoció a Auguste Rodin.

El gran escultor francés ejerció una importante influencia sobre el joven artista croata y entre ambos surgió con el tiempo una relación de amistad y admiración. Rodin elogió públicamente el talento de Meštrović, llegando a describirlo como un fenómeno excepcional entre los escultores modernos, y ayudó también a consolidar su creciente reputación internacional.

Otro personaje importante en aquellos primeros años fue el industrial y mecenas vienés Karl Wittgenstein, padre del filósofo Ludwig Wittgenstein, que compró varias de sus obras y contribuyó económicamente a que pudiera dar el salto internacional clave en su carrera: mudarse a París en 1908. Allí alquiló un estudio en el barrio artístico de Montparnasse e inició sus aclamados ciclos escultóricos que terminarían por consagrarlo en toda Europa.

Su obra fue desarrollando un lenguaje muy personal, caracterizado por figuras poderosas y cuerpos monumentales en los que se mezclaban la tradición clásica, las nuevas corrientes artísticas europeas, la religión y las referencias a la historia y las leyendas de los pueblos eslavos.

Pero Meštrović no fue solamente escultor.

También dibujó, pintó, escribió y diseñó edificios, iglesias y mausoleos.

Entre sus proyectos arquitectónicos se encuentran el Mausoleo de la familia Račić en Cavtat, la Iglesia del Santísimo Redentor de Otavice —concebida también como mausoleo de su propia familia—, la iglesia de Nuestra Señora en Biskupija y la pequeña iglesia de la Santa Cruz que veremos más adelante en Crikvine-Kaštilac.

Y también un lugar del que ya os he hablado anteriormente: el mausoleo de Petar II Petrović Njegoš en el monte Lovćen, en Montenegro.

Una vida marcada por la historia

La vida de Meštrović estuvo también marcada por los difíciles acontecimientos políticos de la primera mitad del siglo XX.

En 1941 fue encarcelado en Zagreb por el régimen ustacha (organización terrorista y movimiento ultranacionalista de corte fascista que gobernó el Estado Independiente de Croacia entre 1941 y 1945). Tras ser liberado abandonó Croacia en 1942 y vivió durante un tiempo en Roma y Suiza.

Cinco años después cruzaría definitivamente el Atlántico.

Aunque en realidad su relación con Estados Unidos había comenzado mucho antes.

En 1924 había viajado a Nueva York y durante los meses siguientes sus esculturas y dibujos se mostraron en diferentes ciudades estadounidenses. Aquellas exposiciones contribuyeron a hacer su obra conocida también al otro lado del Atlántico y dieron lugar a importantes encargos.

Entre sus obras más conocidas en Estados Unidos se encuentran The Bowman y The Spearman, dos enormes esculturas ecuestres instaladas en Chicago en 1928 que representan a dos nativos americanos a caballo.

Pero sería en 1947 cuando Estados Unidos se convertiría definitivamente en su hogar.

Ese mismo año protagonizó además un hecho excepcional: el Metropolitan Museum of Art de Nueva York le dedicó una exposición individual, convirtiéndose en el primer artista vivo al que el museo organizaba una muestra de este tipo.

Tras instalarse en Estados Unidos fue nombrado profesor de escultura en la Universidad de Syracuse, en el estado de Nueva York.

En 1955 se trasladó a South Bend, Indiana, para incorporarse como profesor a la Universidad de Notre Dame, donde continuó trabajando y enseñando.

Meštrović dejó numerosas obras en Estados Unidos, tanto en museos y universidades como en espacios públicos, convirtiéndose este país en una parte importante de su trayectoria artística.

Pero, a pesar de la distancia, nunca perdió su relación con Croacia.

En 1952 realizó una importante donación al pueblo croata que incluía su casa y estudio de Zagreb, su villa de Split, parte de Crikvine-Kaštilac, la Iglesia del Santísimo Redentor de Otavice y numerosas obras de arte.

Aquella donación está en el origen de los actuales Museos Ivan Meštrović.

Murió en South Bend el 16 de enero de 1962, a los 78 años. Su cuerpo fue trasladado a Croacia y enterrado en la Iglesia del Santísimo Redentor de Otavice, el mausoleo familiar que él mismo había diseñado más de treinta años antes.

Después de una vida que lo llevó de una pequeña aldea de Dalmacia a Viena, París, Roma y Estados Unidos, Meštrović regresaba definitivamente al lugar donde había crecido.

Meštrović y Split

La relación entre Meštrović y Split había comenzado mucho antes de construir su casa.

Como hemos visto, fue aquí donde aquel joven de 17 años aprendió a trabajar la piedra antes de marcharse a Viena. Y aunque posteriormente vivió en numerosas ciudades y países, siempre mantuvo una estrecha relación con Split.

De hecho, la ciudad conserva varias de sus esculturas en espacios públicos.

Una de ellas es el monumento a Marko Marulić, considerado el padre de la literatura croata, situado en la plaza que lleva su nombre.

 

Pero probablemente la obra de Meštrović que más visitantes conocen, aunque muchos no sepan quién es su autor, sea la gigantesca estatua de Gregorio de Nin —Grgur Ninski—, situada junto a la Puerta de Oro del Palacio de Diocleciano.

La escultura mide más de siete metros y medio y fue instalada originalmente en 1929 en el Peristilo.

Durante la Segunda Guerra Mundial las autoridades italianas la desmontaron y retiraron y no fue hasta 1954 cuando se instaló en su emplazamiento actual, frente a la Puerta de Oro.

Gregorio de Nin fue un obispo medieval que defendió el uso de la lengua croata en la liturgia frente al latín y con el tiempo acabó convirtiéndose en una figura muy popular.

Y también en protagonista de una de las tradiciones turísticas más curiosas de Split.

Dicen que tocar el enorme dedo gordo de su pie trae buena suerte y garantiza el regreso a la ciudad. No hay más que fijarse en el color brillante del bronce para comprobar cuánta gente ha decidido probar suerte.

Y todavía podemos encontrar otra obra de Meštrović en uno de los lugares más interesantes del Palacio de Diocleciano.

Muy cerca del Peristilo se encuentra el antiguo Templo de Júpiter, construido a finales del siglo III como parte del palacio del emperador y dedicado al principal dios de la mitología romana.

Con la llegada del cristianismo el antiguo templo pagano acabó transformándose en el Baptisterio de San Juan, vinculado a la Catedral de Split.

Su interior conserva una interesante pila bautismal realizada con relieves medievales del siglo XI, pero lo que inmediatamente llama la atención al entrar es la gran figura de bronce de San Juan Bautista, obra de Ivan Meštrović.

Y su historia tiene una curiosidad.

Meštrović realizó la escultura en 1953 desde Syracuse, en Estados Unidos, por encargo del arzobispo de Split y Makarska, Frane Franić. El artista llevaba ya más de una década fuera de Croacia, pero seguía aceptando encargos destinados a Split y preocupándose por la ciudad con la que había mantenido una relación tan especial desde su juventud.

La escultura representa a un San Juan Bautista ascético, extremadamente delgado y con el rostro cansado, sosteniendo en una mano el recipiente utilizado para el bautismo.

Meštrović tuvo además muy en cuenta el lugar para el que estaba destinada. Adaptó la figura al pequeño espacio del antiguo templo romano y a las esculturas medievales de la pila bautismal que iba a tener a su lado.

La obra fue fundida en bronce en 1959 e instalada en el baptisterio en 1960.

Pero para descubrir al Meštrović más personal tenemos que alejarnos del centro histórico y dirigirnos hacia el oeste.

Nuestro destino es el barrio de Meje en Split, situado entre las laderas de la colina de Marjan y el Adriático.

Galería Meštrović: la casa del gran escultor croata

Durante la década de 1920, Meštrović comenzó a comprar terrenos en Meje con la intención de construir allí una residencia para él y su familia.

Pero no quería únicamente una casa.

El proyecto debía reunir en un mismo lugar su vida familiar, su trabajo y su obra: casa, estudio y espacio de exposición.

La construcción se desarrolló fundamentalmente entre 1931 y 1939 y, aunque Meštrović fue el verdadero creador del proyecto, contó con la colaboración de los arquitectos Lavoslav Horvat y Harold Bilinić y del constructor Marin Marasović.

El resultado fue una gran villa de piedra de aspecto clásico y monumental, organizada alrededor de un cuerpo central y dos alas laterales.

La construcción comenzó por el ala oriental en 1931. En la planta baja se encontraban el estudio y el despacho del artista, mientras que las dependencias familiares ocupaban la planta superior.

Desde el verano de 1932 se convirtió en la residencia favorita de Meštrović y su familia, aunque nunca llegaría a convertirse en la residencia permanente que él había imaginado.

La guerra acabaría cambiándolo todo.

En abril de 1941 la familia se reunió allí por última vez con motivo de la muerte de la madre del artista. Poco después, Meštrović marchó a Zagreb, donde sería encarcelado, y su mujer y sus hijos abandonarían definitivamente la casa al año siguiente.

Una casa pensada para el arte

La fachada principal se abre hacia un gran jardín escalonado que desciende en dirección al Adriático.

Y probablemente sea precisamente esa relación entre arquitectura, escultura, vegetación y mar lo que hace especial este lugar.

Las esculturas no están encerradas únicamente dentro de las salas.

Aparecen también entre cipreses y plantas mediterráneas, sobre las terrazas y delante de las fachadas, convirtiendo el jardín en una prolongación natural de la casa y del museo.

Y no resulta difícil entender por qué Meštrović escogió este lugar para construir su residencia.

Desde las terrazas y jardines, el Adriático forma parte casi permanente del paisaje.

El interior alberga una importante colección de esculturas realizadas en diferentes momentos de su carrera y en materiales tan distintos como mármol, bronce, madera y yeso.

Entre ellas encontramos temas religiosos, retratos, figuras femeninas, personajes mitológicos y algunas de las figuras monumentales características de su obra.

La colección incluye obras como Psyche, Contemplación, Cíclope, Perséfone, Virgen con el Niño, Job o su monumental Pietà.

Pero hay una estancia especialmente interesante para quienes disfrutamos visitando las casas de los artistas.

El comedor familiar conserva buena parte de su aspecto original, con muebles diseñados por el propio Meštrović, pinturas y retratos en bronce de miembros de su familia.

Es uno de los pocos espacios en los que todavía podemos imaginar que estamos dentro de una casa y no de un museo.

Crikvine-Kaštilac: el otro espacio de Meštrović en Split

A pocos minutos andando de la villa encontramos otro lugar completamente diferente y mucho menos conocido.

En 1939, mientras terminaba su residencia de Meje, Ivan Meštrović y su hermano Petar compraron una antigua propiedad agrícola situada también junto al mar.

En ella se conservaban restos de un conjunto fortificado perteneciente a la familia Capogrosso y construido en el siglo XVI.

En lugar de derribar las antiguas estructuras, Meštrović decidió recuperarlas y transformarlas.

Así nacieron las Meštrovićeve Crikvine-Kaštilac, uno de los lugares más personales del artista.

El conjunto conservó parte de su estructura original, aunque Meštrović realizó importantes modificaciones y nuevas construcciones.

La zona oriental fue destinada a vivienda, mientras que la occidental se concibió principalmente como espacio para exponer sus esculturas.

Pero el nombre del lugar tiene también una curiosa historia.

Meštrović no quería que se conociera simplemente como su castillo o Kaštilac.

Él prefería utilizar el término Crikvine, relacionado con los restos de antiguas iglesias que creía que existían en el terreno, porque consideraba que reflejaba mucho mejor el sentido espiritual que quería dar al conjunto.

Y es que nunca lo concibió como una segunda residencia lujosa.

Su intención era crear un lugar relacionado con las tradiciones espirituales de su pueblo y accesible también a quienes no tuvieran una formación artística.

La iglesia de la Santa Cruz

El corazón del conjunto es la pequeña iglesia de la Santa Cruz.

Durante la transformación realizada entre 1939 y 1941, Meštrović creó aquí un espacio destinado a albergar algunas de sus obras religiosas más personales.

Nada más entrar, una de las piezas que más llama la atención es el Gran Crucifijo, realizado en madera en 1916 durante la Primera Guerra Mundial.

La figura de Cristo está muy lejos de las representaciones idealizadas tradicionales.

El cuerpo aparece alargado y extremadamente delgado, transmitiendo una sensación de sufrimiento que hace que la escultura resulte especialmente expresiva.

Pero el gran protagonista del interior es el conjunto de 28 relieves tallados en madera de nogal dedicados a la vida de Cristo.

Y hay un dato que me parece especialmente curioso.

Meštrović comenzó a trabajar en este ciclo en 1917 y no lo terminó hasta 1950.

Más de treinta años separan, por tanto, las primeras piezas de las últimas.

Los relieves representan diferentes episodios de la vida de Jesús y convierten el interior de la pequeña iglesia en una especie de relato esculpido.

De residencia privada a patrimonio de Croacia

La historia de estos dos lugares cambió definitivamente en 1952.

Ese año Meštrović decidió donar al pueblo croata su villa de Split, la parte occidental de Crikvine-Kaštilac, su casa y estudio de Zagreb, la Iglesia del Santísimo Redentor de Otavice y un importante conjunto de obras.

En el caso de la villa de Split, la donación incluía además 132 obras de arte destinadas a los diferentes edificios, sentando las bases de la futura Galería Meštrović.

Gracias a aquella decisión, los lugares en los que había vivido, trabajado y expuesto sus esculturas acabaron convirtiéndose en espacios públicos dedicados a conservar su legado.

Meštrović abandonó Croacia en 1942 y durante años no pudo ver personalmente cómo había quedado el conjunto después de las obras.

No regresó hasta 1959.

Habían pasado diecisiete años.

Durante aquel viaje pudo contemplar finalmente Crikvine terminada y el 15 de agosto celebró allí su 76 cumpleaños.

Fue también la última vez que visitó Croacia.

Tres años después murió en Estados Unidos y su cuerpo regresó a Dalmacia para ser enterrado en la Iglesia del Santísimo Redentor de Otavice.

Una iglesia que él mismo había diseñado como templo para los habitantes de su tierra y como mausoleo para su propia familia.

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