Casa Navàs, la casa modernista mejor conservada del mundo
En pleno corazón del Mercadal de Reus, hay una casa que no solo resume el esplendor del modernismo catalán, sino también la vida de una pareja que convirtió un pequeño negocio familiar en todo un imperio textil: la Casa Navàs.
De una tienda modesta a un emporio textil
La historia de Joaquim Navàs Padró y Josepa Blasco Roura es, en realidad, la historia de cómo una familia de comerciantes modestos acaba levantando una de las casas modernistas más impresionantes de Europa. Nacido en 1851 en el Priorat, Joaquim era nieto de Josep Navàs Margarit, que regentaba una pequeña tienda en Cabacés. Joaquim Navàs Domingo, padre de Joaquim Navàs, heredó el negocio y decidió dar un salto decisivo: trasladar a la familia a Reus para trabajar como mercader por cuenta propia.
Instalado en la ciudad, Navàs Domingo vendía barretinas, fajas y otras piezas textiles por los pueblos de los alrededores, encarnando el perfil del comerciante ambulante que buscaba abrirse camino en una economía aún muy local. En 1846 se casó con Anna Padró Ferrer, hija de unos tenderos de ropa. El matrimonio abrió una tienda en el número 8 de la misma calle, que pronto se les quedó pequeña, obligándolos a mudarse a locales cada vez más amplios hasta abrir en la codiciada Plaça del Mercadal, 5.
Los Navàs Padró tuvieron dos hijos, Elvira (1848–1914) y Joaquim. Desde niño, Joaquim Navàs, se acostumbró a ayudar tras el mostrador, a tratar con la clientela y a entender de primera mano los ritmos del comercio. Aquella educación práctica entre telas, cuentas y clientes marcaría para siempre su manera de ver el negocio.


El encuentro entre Joaquim y Pepa
En 1876, Joaquim Navàs Padró se casó con Josepa (“Pepa”) Blasco Roura, hija de un importante comerciante de tejidos con establecimiento en la Plaça del Mercadal. El matrimonio no solo unió dos familias muy bien situadas en el mapa comercial de Reus, sino también dos maneras de entender el negocio: la tradición familiar y metódica de Joaquim y el dinamismo innato de Pepa, que aportaba frescura y una gran capacidad para vender.
En ese momento, el padre de Joaquim integró a su hijo en el negocio creando la sociedad Joaquín Navàs e Hijo, una fórmula que consolidaba la continuidad generacional. Pero Joaquim y Pepa tenían ambiciones propias y la suficiente seguridad como para dar un paso valiente: abrieron su propia tienda en el número 4 del carrer de Jesús, convirtiéndose en competencia directa de las tiendas de sus propias familias. Aquella decisión, casi una declaración de independencia, dejó claro que no se conformarían con seguir el camino trazado, sino que estaban dispuestos a redefinirlo.
Un nuevo modelo de comercio
Frente al modelo clásico del tendero prudente y conservador, con horizontes limitados al entorno inmediato, Joaquim y Josepa apostaron por un tipo de negocio mucho más moderno y expansivo. Su objetivo no era únicamente tener una buena tienda en Reus, sino convertirse en auténticos referentes del comercio textil en España.
El “senyor Quimet”, como llamaban a Joaquim Navàs, desarrolló una mentalidad claramente empresarial: apostó por la venta al por mayor, creó una amplia red comercial con presencia en 16 provincias y comenzó a importar tejidos, lo que le permitió ofrecer productos que iban más allá de la producción local. Sin ser industrial, actuó con una visión propia de gran empresario, ampliando el alcance del negocio hasta consolidarse como un mayorista muy conocido en todo el Estado.
Esta mentalidad expansiva se reflejó también en otros ámbitos: Joaquim se implicó como accionista del Institut Pere Mata, lo que lo puso en contacto con Lluís Domènech i Montaner, una de las figuras clave del modernismo catalán.
Institut Pere Mata, el hospital psiquiátrico más bonito del mundo.
De la Casa Simó‑Cardenyes al sueño burgués
A finales del siglo XIX, Joaquim y Pepa decidieron dar un paso definitivo: en 1898 compraron por 45.000 pesetas una finca del siglo XVII, la Casa Simó‑Cardenyes, en la esquina de la Plaça del Mercadal con la calle de Jesús. En esa casa había nacido décadas antes Eduard Toda, diplomático, primer egiptólogo catalán y amigo de infancia de Antoni Gaudí y del propio Joaquin Navàs, que más tarde transformaría el Monasterio de Escornalbou en su residencia.
Monasterio de Escornalbou, de centro monacal a residencia del primer egiptólogo.

Para ello encargaron el proyecto a Lluís Domènech i Montaner, al que dieron carta blanca sin ningún límite de presupuesto y total libertad creativa. El 10 de Octubre de 1901, se presentaron los planos firmados en el Ayuntamiento de Reus. Pere Monné, maestro de obras, ya podía empezar a ejecutar el proyecto. Entre 1901 y 1908 el arquitecto levantó una auténtica obra total. Una vez más se rodeó de sus mejores artesanos y colaboradore
- Gaspar Homar, actúa como interiorista, diseñando muchos de los elementos.
- Josep Pey, colaborador y ejecutor de trabajos de Gaspar Homar
- Alfons Juyol trabajos de piedra y mármol siguiendo instrucciones de Eusebi Arnau.
- Antoni Rigalt y Jeroni Granell i Manresa, especialistas en vidrieras.
- Lluís Bru y artesanos cerámicos locales para mosaicos y revestimientos.
- Tomàs Bergadà y Joaquim Mir pintura mural y estucos.
- Hipòlit Montseny en mármoles y azulejos



Casa Navàs por dentro: una cápsula del tiempo modernista
Desde la plaza, la Casa Navàs se presenta como “la guapa de la Mercadal”: una fachada ricamente decorada, con tribuna, esgrafiados y piedra escultórica, que oculta uno de los interiores modernistas mejor conservados del mundo. Se considera la única casa modernista de Europa que se mantiene casi tal y como fue inaugurada a principios del siglo XX, conservando mobiliario, lámparas, cortinas e incluso rollos de pianola.
Más de 200 metros cuadrados de vitrales tiñen de color las estancias y crean un juego de luces cambiante a lo largo del día. La escalinata principal, revestida de mosaicos, cerámica y esgrafiados y coronada por una claraboya que imita un jardín, actúa como umbral a un universo de luz y detalles. Los salones y la tribuna conservan los muebles, lámparas florales, sedas y mosaicos hidráulicos de motivos vegetales, mientras que el comedor reúne escenas de frutas, caza y pesca alrededor de una espectacular chimenea de madera de olivo.
La casa fue también un prodigio de modernidad doméstica: contaba con electricidad, agua caliente, gas, teléfono y montacargas de servicio cuando estos eran todavía auténticos lujos. Las vidrieras, más allá de su función estética, organizan los espacios con una transparencia delicada, y los dormitorios y baños conservan aún los sanitarios originales. Todo el conjunto gira en torno a tres grandes ideas que atraviesan la decoración: naturaleza, territorio y catalanismo, presentes en relieves, mosaicos y símbolos repartidos por todo el edificio.
La Guerra Civil dejó una herida visible: en 1938 una bomba destruyó el torreón y parte del tejado, alterando la silueta que Domènech i Montaner había concebido, aunque el interior se mantuvo en gran medida intacto. La recuperación completa del perfil original sigue siendo uno de los grandes retos de restauración de la casa. Se prevé que quede concluida en 2026.




Comercio, sucesores y nueva vida de la casa
El contexto político y social que vivió el matrimonio fue complejo. En 1907 una bomba explotó en el chalet donde vivía el matrimonio, en la zona residencial de Reus Boca de la Mina. Un episodio que, pese a causar pocos daños materiales, impactó profundamente a Joaquim y contribuyó a su decisión de abandonar Reus y trasladarse a Barcelona junto a Pepa. Murió en Barcelona el 6 de enero de 1915, tras una vida dedicada al comercio y a proyectos como la Casa Navàs donde nunca llegó a vivir.
Aunque el matrimonio no tuvo descendencia, el negocio no se apagó. Fieles a su idea de empresa y lealtad, convirtieron en socios a sus cuatro dependientes más antiguos, creando la sociedad Successors de Joaquim Navàs con un capital de 500.000 pesetas. Tras su muerte, Pepa Blasco continuó al frente del negocio como comanditaria, guiándolo a lo largo de buena parte del siglo XX hasta que la firma terminó cerrando en 2018, ya convertida en uno de los últimos comercios históricos que conservaban su decoración original.


La casa, por su parte, pasó a sobrinos como Joaquim Blasco, ahijado de Pepa, y más tarde a la familia Blasco Font de Rubinat. Para hacer frente al mantenimiento, a lo largo de las décadas se vendieron algunas piezas y parte del edificio se alquiló al doctor Nolla, que impulsó varias restauraciones interiores.
En 2017, el empresario reusense Xavier Martínez (propietario también del icónico vermut reusense Miró) se convirtió en propietario de la Casa Navàs junto a los actuales descendientes, con la intención declarada de conservarla, mantenerla y abrirla al público. Desde entonces, el edificio ha pasado de ser un secreto muy local a consolidarse como una de las visitas imprescindibles para entender el modernismo catalán más allá de Barcelona.
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